Espriplopio, Just For Fun

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¿Espri… qué? #3

Con ese nombre tiene que ser un queso. ¡Fijo!

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The Espriplopio suma su risa al #19J

Fondo de pantalla para el #19J por el art Fabrick, 1202x822.

#19J está resultando ser un domingo muy calusoro y veraniego, aunque no lo diga el calendario. Lo acompaña una ligera brisa, que se agradece enormemente cuando se levanta. No sabemos si lo hace por razones meteorológicas o porque la provoca la marcha de miles de indignados que se manifiestan, a estas horas,  por las calles de un país que despertó del letargo el #15M pidiendo #democraciarealya. The Espriplopio quiere añadir una refrescante sonrisa al movimiento: #yosoy15M y queremos que la dignidad y la ética que exigimos tenga una actitud positiva y vital. Desde aquí, pues, rechazamos la violencia (venga de donde venga) y nos sumamos a una revolución transformadora, contundente y simpática.

Música para espriplopear

Dejarse llevar por la música no tiene precio. Bailar como si tu cuerpo no te perteneciera y sentir que eres puro ritmo es una emoción única. Aprovecho para buscar complicidad bailona en los demás y comprobar que también ellos son felices. Nos reímos, lo pasamos bien y espriplopeamos sin importarnos el mañana. Solo echo de menos que no estés aquí conmigo. Tú y tu risa contagiosa. La recuerdo, pero me encantaría escucharla ahora mismo. Me conformo porque suenan los Herman Dune. Este vídeo siempre me pone de buen humor. ¡Ojalá pudiera verte pronto! 🙂

The Esprilopio iniciaba sus pinitos a finales del siglo XIX

Corría el año 1895 cuando Louis Lumière rodó la que se considera la primera película de ficción de la historia del cine: “L’arroseur arrosé” (el regador regado), uno corto de 44 segundos con un argumento la mar de simple: un chico pisa la manguera de un jardinero que está regando sin que se dé cuenta, haciendo que el jardinero la inspeccione para ver qué ocurre y en ese momento ¡chas! el chico levanta el pie y el jardinero se queda todo mojado. Bueno, ya. No se trata de un humor cínico o irónico, pero es que estamos hablando de finales del XIX con unos espectadores alucinando con la pantalla y con el gag. Seguro que en los cines se oyeron sonoras carcajadas y podría ser que The Esprilopio ya corriera por ahí e intentara captarlas.

¡No te pierdas esta obra de arte!

¿Espri… qué? #2

“Espriopo (sic) es un señor que se ríe pero que no tiene boca.” (Dibujado por Candela, 2 años)

Espriplopio. Origen del nombre.

La máquina de risas The Espriplopio debe su nombre a un filósofo alemán de finales del siglo XIX, Thomas A. Espriplopio (Düsseldorf, 1894 – ?). Huyendo de la tradición racionalista, Espriplopio basó su breve obra en un humanismo que él denominó “Pequeños gestos que hacen la vida feliz”. Su postura en favor del optimismo fue duramente denigrada por sus contemporáneos, quienes jamás lo consideraron un pensador a tener en cuenta. Por su parte, ni la feroz industrialización alemana ni las dos guerras mundiales consiguieron modificar un ápice sus risueños principios. Fue, precisamente, en el periodo de entreguerras cuando su filosofía tuvo más seguidores, debido a las carencias y al terror vivido. Su pista se perdió con la llegada de los nazis al poder. Dicen quienes lo conocieron que nunca perdió su (singular) sonrisa.

Retrato de Thomas A. Espriplopio y su particular sonrisa

El siguiente texto es una transcripción de los pocos comentarios que sobre Thomas A. Espriplopio se pueden encontrar en la red. La veracidad de los datos no ha sido contrastada.
Jordi C.
Jejeje, pero este Thomas debe estar ya muerto. Yo creo que su tumba está en el cementerio de Copenaghe, junto a la de Kierkegaard. El filósofo del pesimismo y del optimismo compartiendo camposanto.
Rafa G.
Dicen los eruditos que ambos solo coincidían en dos cosas: la misma sonrisa bobalicona y una pasión desmedida, casi infantil, por las galletas de mantequilla.
Jordi C.
De hecho, según la Wikipedia, la obra de juventud de Soren se vuelve más sombría, cuando su madre le castiga sin galletas de mantequilla durante un mes. En sus escritos póstumos confesará que nunca pudo encontrar ninguna galleta como las que devoraba de niño.
Rafa G.
La mamá nunca le dijo a su hijo Soren que el secreto de aquellas deliciosas galletas era el jengibre. Lo empezó a utilizar cuando él era pequeño como remedio para las náuseas. (Desde bebé, K. siempre fue muy vomitón). Sin saberlo, se aficionó porque el jengibre también es un estimulante del sistema nervioso central. ¡Tan abatido!, siempre él. Por su parte, lo que estimulaba a Espriplopio eran un par de combinados. No dos tipos diferentes, sino tomarlos a pares; uno detrás de otro. ¡Qué curioso! También había jengibre de por medio. E. bebía Ginger Ale con whisky y siempre pensó que, lo que lo activaba, precisamente, era esto último.

¿Espri… qué? #1

Aquí solo servimos whisky, por si no te ha quedado claro.